“Los libros son obra de la soledad e hijos del silencio”. M. Proust

Intimidad

Por Alberto Infante • 16 Ago, 2008 • Sección: Cuentos

Le dije que perdonara, que comprendía que era tarde, que había bebido un poco, que igual me había confundido con los timbres del llamador. Me llamó guarra, me llamó puta, me dijo que estaba harta de tanto emigrante y tanto gamberro, que me iba enterar. No era la primera vez que me insultaba. Ya antes lo había hecho, pero nunca de esa forma. Yo no soy una santa, de vez en cuando me gusta divertirme un poco. Pero nunca fui una mala vecina. Puedes preguntarle a quien quieras. Debía tenerlo preparado porque la policía no tardó ni tres minutos en llegar. De nada valieron mis explicaciones. Me metieron en el coche. Me llevaron a la Comisaría. Me metieron en una sala con focos y trípodes. “Te vamos a fichar” dijeron. Me pusieron contra la pared. Había dos mujeres policías allí, y una más que entraba y salía. Me preguntaron el nombre. Se lo dije. Me preguntaron la nacionalidad. Se la dije. Una de ellas, la que estaba de espaldas, gritó “Quítate la chaqueta”. Dije “¿Por qué tengo que quitarme la chaqueta? Para que me hagáis una foto no necesito quitarme la chaqueta”. Entonces la policía que estaba junto a la pared vino y me dio un bofetón. “!Que te la quites joder!” gritó. Era morena, alta, más o menos de mi misma edad. Empecé a desabrocharme y ella me la abrió de un tirón. “Y ahora el sostén” gritó. La miré sin comprender. Se dio la vuelta, me agarró por detrás, me bajó la chaqueta y me desabrochó el sostén. Intenté resistirme. La otra policía, la estaba de espaldas mirando unos papeles, vino y me sujetó los brazos. La chaqueta y el sostén cayeron al suelo. La primera policía se rió. “Pues no los tienes tan grandes ni tan bonitos. De verdad, no sé que ven los hombres en vosotras”. Me tapé como pude. Me dieron otra bofetada, no recuerdo quién. Entonces vino la otra policía, la que entraba y salía, y dijo “Por hoy está bien. Ya tiene lo suyo. Dejadla que se vaya”. Me agaché a recoger la chaqueta y el sostén, y la primera policía me dijo: “Dile a tus amigas rusas, que esto es lo que le va a pasar a la que intente levantarle el novio a una de aquí”. Al día siguiente se lo conté a mi novio. Fuimos a la central y pusimos la denuncia. Él no quería pero yo insistí. No tenía ni idea de que todo se estaba grabando. Ni de que había habido más casos. Ni del lío que se iba a armar. Si lo hubiera sabido igual no denuncio. Me parece bien que estas cosas se sepan, que se castiguen. Pero con mi nombre y todas esas imágenes mías en los periódicos… No, si yo no creo que todos los policías sean iguales pero, mira, al final, hemos tenido que irnos del barrio. No por nada. Pero nos hemos ido. Como dice mi novio, a ti nadie te protegió la intimidad.

Alberto Infante (Pequeños cuentos mestizos, 2005-2007)

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