"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Austerlitz - W. G. Sebald

“Había sido realmente aterrador, escribe J…, ver abrirse, a un paso del suelo firme, semejante vacío y comprender que no había transición, sino sólo aquel borde: en un lado, la vida sobreentendida y, al otro, su inimaginable contrario”. Este es uno de los últimos párrafos de Austerlitz, el último gran libro de W. G. Sebald. El último dice así: “Terminé de leer junto al foso de agua de la fortaleza de B…. el capitulo decimoquinto de H…., y luego emprendí el camino de vuelta hacia M… adonde llegué cuando se estaba haciendo de noche”.

Mucho del argumento y del tono moral de este libro inclasificable se encuentra en esos dos párrafos: el nomadeo temporal y geográfico, a menudo forzado, por el centro y el este de Europa; el vértigo ante las crueldades y sinsentidos de la historia; la guerra como amenaza y argumento; la sensación de extrañamiento de quien se siente extranjero en todas partes. Poco importa si el protagonista acaba descubriendo, después de muchos años,  su verdadero origen de niño judío acogido en Gales: su odisea es la nuestra, su perpleja incomodidad ante la realidad y sus fundamentos, la de todos.

Pero Austelitz no es solo ni principalmente una novela más de posguerra y exilio. En la fascinada relación del narrador con lo narrado, en la creciente intimidad entre el nómada perplejo y el observador instalado, en esa intimidad construida a lo largo sucesivos encuentros, de kilómetros y años - y en la relación entre lo que de esa intimidad se dice y se calla - así como en el peculiar lenguaje que la describe y sustenta, es donde reside la mayor parte de la irresistible atracción que Austerlitz ejerce sobre los lectores. Para escribir sobre lo que quería escribir, Sebald se vio obligado a lo que los grandes escritores se ven en algún momento obligados: a inventar un lenguaje nuevo. Un lenguaje de párrafos largos y frases interpoladas, donde las viejas fotos y las ilustraciones en blanco y negro cumplen un papel tan importante como la peculiar composición de un texto sin capítulos, trescientas páginas prácticamente seguidas, con escasas y muy poco perceptibles interrupciones, y donde el sujeto que narra cambia sucesivamente, a medida que cambian las historias que se van hilando al modo como la memoria de quien las narra supone que las hiló la vida.

Austerlitz no tiene final, no puede tenerlo, porque el viaje  a lo largo de sus páginas, que es un viaje hacia el pasado para buscar las claves (individuales y colectivas) del presente, arroja una sola conclusión: cuanto más indagamos sobre nosotros y el mundo que creemos nuestro, menos condescendiente se vuelve nuestra mirada y más inquietante resulta lo que descubrimos.
Escritor tardío (publicó su primera obra a los 43 años), autor de libros imprescindibles (Los emigrados, Los anillos de Saturno, Pútrida patria: ensayos sobre literatura, Vértigo) W.G. Sebald nació en Wertach, Alemania en 1944 y murió en un accidente de coche en Norfolk, Reino Unido, en 2001.