"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Cuentos Completos - Haroldo Conti

Tal como relata García Márquez en el prólogo, a Haroldo Conti  lo vieron por última vez en mayo de 1976 en una prisión del ejército argentino. Según el testimonio del preso que lo vio apenas podía hablar, no podía comer y no retenía la orina. El 22 de mayo lo sacaron de la celda y desde entonces nadie ha vuelto a saber de él.

Los Cuentos Completos de Haroldo Conti se publicaron en España por vez primera en 2008. El libro, que ganó el premio de la crítica de ese año, contiene, agrupados por orden cronológico, los veintitrés cuentos publicados por Conti en tres libros y varias revistas entre 1964 y 1972, y también el que apareció, de forma póstuma,  en la revista Casa de las Américas en 1978.

Desde que comencé a leer comprendí que al desaparecerlo la dictadura argentina había cometido dos crímenes en uno: contra la vida y la memoria de un alguien que nada más tenía que su pluma y sus ideas; y contra todos nosotros, sus futuros lectores,  al despojarnos sin remisión y para siempre de un escritor de primera.

Yo recomiendo siempre este libro en mis talleres. Antes de leerlo, de entre los cuentistas argentinos contemporáneos yo recomendaba, claro, a Borges, a Cortázar, a Artl, al uruguayo Onetti. Ahora recomiendo también a Haroldo Conti.

Cortázar dijo una vez que el cuento era “un caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía”.  Los cuentos Conti son, y eso se ve con solo mirarlos, también poesía. Y de la buena. De esa que agita, asombra y conmueve, tres características que la (buena) poesía comparte con el resto de la (buena) literatura.
Por la forma de narrar, por los ambientes y los personajes, Conti es, en mi opinión, el escritor argentino que más se acerca a Rulfo. Y a Hemingway. Y a Andersson. Con todo, hay algo profunda e inequívocamente argentino en las historias de Conti: la soledad del trasterrado, de quien, de un modo u otro, se sabe viviendo (o sobreviviendo) en un lugar equivocado del mundo.

De forma que no es tanto el carácter singular y, a menudo, insólito de las vidas y peripecias de sus protagonistas lo que más atrapa en los relatos de Conti sino su carácter perdido, su condición de radical e irremisiblemente alejados de cualquier posibilidad de ser (re) conocidos por alguien distinto a ellos mismos o a los pocos que los rodean.

Sin embargo, y no por casualidad – pues muchos de ellos trascurren en el delta del Paraná -  en Conti, ese carácter remoto y sin memoria no es algo oscuro sino luminoso. Más aún, tal como arranca la historia de amor de “Perfumada noche”:  “A veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto en la vida de un hombre es una luz deslumbrante”.

Confieso que me gustaría escribir como escribía Conti: creando ambientes únicos, iluminando acciones mínimas y decisivas, viviendo con personajes inolvidables. Hace falta mucha lucidez y no poca valentía para escribir así. Sin adjetivos, casi sin adverbios. Arrancando el relato con frases como esta: “El tío Hipólito llegó a las cinco, como siempre.”  Porque cuando se arranca el relato con frases como esa uno ya no puede parar. Ni escribir de otra manera.

Haroldo Conti tenía el talento de los grandes. “Escribe” aconsejaba Quiroga, “como si tus historias no tuvieran interés más que para tus personajes, de los pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento”. Conti lo sabía. Y sabía hacerlo.

Nos lo quitaron demasiado pronto para que pudiera desplegar todo su talento.  Sus Cuentos Completos permanecerán como la impecable y hermosa noticia de un espacio, una gente y una época.

Haroldo Conti nació en Chacabuco, Provincia de Buenos Aires, en 1925 y el 4 de mayo de 1976 fue secuestrado en su casa por un comando de civiles armados. Su nombre figura en la lista de los desaparecidos por la dictadura militar argentina. Había publicado una obra de teatro, cuatro novelas y varios libros de cuentos. También le habían concedido varios premios literarios. Tenía 51 años.