"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Diario de un joven médico. Mijail Bulgákov

Hace no mucho, en uno de las casetas de la cuesta de Moyano, me topé con “Diario de un médico rural” de Mijail Bulgákov. Mientras lo hojeaba traté de recordar lo que sabía de él: que era ruso, que había vivido en la primera mitad del siglo XX, que había ejercido la medicina antes de hacerse escritor, que había sido anti-bolchevique, que padeció persecución policial, detenciones y censura en la época de Stalin, y que pese a ello había conseguido (una verdadera rareza entonces) morir de muerte natural.

Recordé también haber leído años atrás “El Maestro y Margarita”, considerada su obra maestra, y haberme parecido “simplemente” buena. La solapa del “Diario…” informaba que licenciado cum laude en la Universidad de Kiev y especializado en enfermedades infecciosas, “fue enviado a los desiertos helados de la Rusia rural que en 1916-1917 carecían aún de novedades como el automóvil, el teléfono o la electricidad”. También decía que la primera edición, publicada a mediados de los años 20, pasó prácticamente desapercibida pues su autor ya había caído en desgracia ante las autoridades.

Comencé a leerlo allí mismo, a pie de calle, y quedé fascinado. No lo pude dejar hasta terminarlo al día siguiente. En sus páginas estaban Dovstoyeski y Pilniak, Chejóv y Kafka, Pasternak y Babel, situaciones brutales y personajes inverosímiles, los retratos crudos y duros a base de unos pocos trazos capaces de resumir lo esencial, y las reflexiones y torturas íntimas de quienes tratan no solo de sobrevivir sino también de explicarse tanta dureza, tanto atraso y tanta brutalidad en un desesperado intento de no sucumbir o no reproducirlas. Y un lirismo intenso, elegante, construido a base de síntesis y elipsis, y solo  posible desde la compasiva mirada de quien considera a sus semejantes, incluidos los más salvajes y despreciables, como próximos y hermanos, la mirada irónica y tierna de alguien a quien “nada humano le es ajeno”. Me gustaron los nueve relatos pero sobre todo dos de ellos: “La ventisca” donde creí percibir ecos de “El médico rural” de Kafka; y “Morfina” (publicado en vida del autor de forma independiente), un despiadado retrato de la adicción al opiáceo que el propio autor padeció durante un par de años y que por momentos me recordó “Las Confesiones… “ de Thomas de Quincy.

En vida Bulgákov fue sobre todo conocido por sus colaboraciones con el Teatro del Arte de Moscú que dirigía Konstantin Stanisvlaski. Crítico con el sistema soviético, incluso después de que sus escritos fueran prohibidos estrenó una obra satírica en la que hace aparecer a Iván el Terrible en el Moscú de los años treinta. Sus obras más conocidas son “La guardia blanca” (publicada en 1924, un año después de que Babel empezara la serie de relatos que habría de dar lugar a “Caballería Roja”), “Corazón de perro” (1925) y “El Maestro y margarita” (1928-1940) que reescribió enteramente de memoria tras haber quemado el primer manuscrito. Durante años circuló incompleta y en versiones mecanografiadas de mano en mano. Reconstruida por su última esposa fue publicada en 1966. Versiones posteriores han intentado “fijar” de una vez por todas, el texto completo. Me he prometido releerla.

Mijail Bulgákov, autor también de novelas de ciencia ficción, de una famosa carta a Stalin en defensa de la libertad de expresión y de un no menos famoso relato de la llamada que éste le hizo al recibirla, nació en Kiev en 1891 y murió en Moscú en 1940.