"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

DIME: Treinta cuentos. Mary Robison

DIME: Treinta cuentos

Mary Robison

 

 

Este libro deja un sabor extraño, algo así como si uno estuviera bebiendo un cóctel de hielo y fuego sazonado con buenas dosis de pimienta. Sus temas remiten a Carver o a Richard Ford pero su estilo recuerda más bien a Dorothy Parker, a Kathrine Anne Porter, a Carson McCullers y, en ocasiones, a Hemingway. Relatos muy del “New Yorker”, muy cinematográficos, donde un aparente “nada pasa” es la forma más eficaz de mostrar lo que importa: vecinos, hijos, padres, maridos, novios, amor, decepción, frustraciones, incidentes inesperados, vida, muerte, juegos, desorientación, esperanza. Nada muy dramático ni muy épico. O tal vez sí. Secuencias de una película que el lector puede reconstruir a su gusto a partir de unos cuantos planos. Vida cotidiana estadounidense de finales del siglo XX en estado puro.

Mientras leía este volumen cayó en mis manos un cuento de Chejov, titulado “el Dentista” y pensé que Chejov – en cuyos relatos, en opinoón de Tolstoi, tampoco pasaba nunca nada - habría disfrutado leyendo sus páginas. Pues hay un toque muy personal en los cuentos de Robison, algo hecho de minuciosidad, lirismo e ironía que los hace crueles y tiernos y, sobre todo, inolvidables.

Decía Borges que decía Stevenson que en el arte hay una cualidad sin la que las demás no cuentan: el encanto. Me atrevo a afirmar que estos relatos solamente podían haber sido escritos por una mujer. Hay demasiada precisión, demasiada finura, demasiado cuidado de los detalles para que los hubiera escrito un hombre. Son, sencillamente, encantadores. Robert Altman habría hecho maravillas con algunos de ellos.

Mary Robison nació en Washington DC en 1949, se ha divorciado dos veces, ha publicado cuatro colecciones de relatos y cuatro novelas, y es madre de dos hijas. Cabe suponer que lo mejor de su obra está aún por llegar.

 

Alberto Infante