"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

El infinito viajar - Claudio Magris

Uno puede viajar de muchas formas, incluso sin salir de casa. De sobra conocida es la respuesta de Kant al colega que lo visitó antes iniciar un largo viaje: “Quédese en casa y lea libros”. Porque la vida es viaje y hasta el más introvertido y sedentario de los humanos viaja todos los días por el interior de su mente. El viaje es una metáfora de la vida del mismo modo que la vida acaba siendo un viaje, más o menos afortunado, más o menos desgraciado, entre dos nadas. Al final lo único que tenemos es el viaje.

Este libro podía muy bien haberse titulado “El infinito vivir”. Pues uno hace, de grado o a la fuerza, muchos viajes al mismo tiempo: el inexorable de la edad; el incisivo y no siempre cómodo del conocimiento;  y, cómo no, también el tumultuoso viaje de los afectos. Y con ese bagaje (que no es estático sino interactivo y dinámico) de viajes interiores hay que afrontar los otros viajes, los exteriores, que hasta la invención de los medios de comunicación de masas lo eran en el espacio y que ahora pueden serlo solamente en una imaginación expandida hacia ese nuevo “espacio virtual” cuya relevancia crece constantemente en nuestras vidas.

El viaje nos cambia. Uno es el que parte y otro distinto el que regresa. Por eso, en realidad, pese al empeño de Novalis, nunca llegamos. No son las posadas, casi siempre en ruinas (o, peor aún, en apresurada y poco satisfactoria reconstrucción) sino el camino, lo que nos cautiva y llama. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, pues ya se sabe. Por eso en el viaje importa, sobre todo, la compañía. La física y afectiva, por supuesto. Y también – y mucho - la cultural. Ese es nuestro macuto, esas nuestras provisiones. En el caso de Magris, para muchos un verdadero “sabio contemporáneo”, el equipaje es de primera. Porque sabe mucho. Pero también porque sabe dejarse ir a dónde le llevan sus pasos, porque se mantiene fiel a las oportunidades fallidas y perdidas: “La historia “sostiene en el prólogo “no está hecha sólo de lo que ha acaecido… sino, como quiere Musil, de las posibilidades, las potencialidades concretamente latentes en un situación determinada, de lo que en un momento dado era o es posible”.

Ese prólogo, como las cuarenta crónicas de viaje que componen el libro, es un monumento a la inteligencia y a la sensibilidad.  Un estímulo para vivir, viajar y escribir. Y una lección sobre la historia reciente de Europa y del mundo.

Clauido Magris nació y vive en Trieste y, tal vez por eso, los conceptos de frontera y Mittleuropa están tan presentes en sus textos. No por casualidad “El Danubio” (1986) es considerada su obra maestra.