"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Identidades Asesinas. Amin Maalouf

Este breve ensayo de poco más de 170 páginas publicado hace algo más de veinte años conserva plena vigencia. En él, su autor, nacido libanés en el seno de una familia cristiana, agnóstico por convicción y recriado en Francia, novelista y ensayista de vasta cultura, va desgranando los elementos que conforman eso que llamamos “identidad” echando mano a menudo de sus experiencias personales y familiares.

Más que una denuncia de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en nombre de una etnia, una religión o una lengua, “Identidades Asesinas” es un lúcido intento de comprensión de las dinámicas psicológicas y sociales que han llevado a situaciones como las vividas en Ruanda y los Balcanes y, también, al resurgimiento de localismos y nacionalismos más o menos excluyentes en países como el Reino Unido, Bélgica o España.

Desde su condición de hombre mediterráneo, a caballo entre Oriente y Occidente, Maalouf intenta comprender por qué con tanta frecuencia en la historia humana la afirmación de uno ha significado la negación del otro; la incapacidad de tanta gente para vivirse en la complejidad que, en mayor o menor grado, nos constituye. Maalouf rechaza la aceptación resignada y fatalista de tal hecho.

Su mensaje es que eso que suele denominarse los “propios valores” o la “propia identidad” es algo mestizo y cambiante, no sólo en el largo plazo de uno o dos siglos sino, cada vez más, en el corto plazo de una generación. Es decir: en el mundo de hoy, y cada vez más en el de mañana, el Otro nos constituye de la misma manera que nosotros también le constituimos y el diálogo con los otros es, en gran medida, un diálogo con nosotros mismos.

De particular interés resulta su análisis de las causas del surgimiento del fundamentalismo islamista. Si modernización se hace sinónimo de occidentalización, muchos musulmanes la rechazarán, sostiene. Y tenderán a exagerar sus rasgos distintivos, sobre todo los jóvenes. También sostiene que a menudo se sobrevalora la influencia de la religión sobre las sociedades y se infravalora la de las sociedades sobre la religión. Por tanto, si los musulmanes desean vivir en países no musulmanes habrán de remodelar las características de lo que consideran “su identidad” para adaptarla a los usos y leyes del país donde viven. Por otra parte, insiste, la religión musulmana no es homogénea, el islam no se practica igual en Marruecos que en Malasia, en Nigeria que en Irán. Ni siquiera de esos mismos países. Y no por casualidad el mayor número de víctimas del fundamentalismo islámico han sido, precisamente, musulmanes.

Cuando a Maalouf se le pregunta si se siente más libanés o más francés él responde que por igual. Y no lo hace por diplomacia: “Lo que me hace ser yo mismo y no otro -dice- es que estoy a caballo entre dos países, entre dos o tres lenguas, entre varias tradiciones culturales. Ésa es mi identidad…”.

“Identidades asesinas” es un libro rico en sugerencias y matices, un canto al ciudadano frente a la tribu, un alegato en favor de la convivencia. Todo lo ocurrido desde su publicación –el avance de la globalización, las crisis de Afganistán e Irak, el auge del terrorismo islamista y de los populismos en Occidente-, no ha hecho sino reafirmar la trascendencia de este enfoque.

Amin Maalouf nació en Beirut y reside en Francia.