"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

La diferencia entre Pepsi y Coca Cola - Julio Mas Alcaraz

Julio Mas Alcaraz: “La diferencia entre Pepsi y Coca Cola. Antología de poesía norteamericana contemporánea”. Ediciones Vitruvio

¿Cuándo es buena una antología y, más concretamente, una antología poética? A riesgo de parecer simplista diré que “cuando los que están son”. Me refiero a los poetas, claro. Y, también, a los poemas. Creo que este es el primer mérito de esta Antología y de su antólogo. No hay un poema malo.

Luego, tratándose de una Antología bilingüe, la traducción importa. Julio Mas ha sido antólogo y traductor. Y hay que ser muy buen traductor y muy buen poeta para hacer lo que él ha hecho: traducir bien. Con precisión. Con dignidad. Con el debido respeto. De artesano a artesano, de poeta a poeta.

Algo sobre los poetas incluidos. Sus edades están entre 66 y 46. Son lo que podríamos denominar poetas “hechos”. Casi todos ellos han recibido becas y enseñan lengua, literatura o poesía en campus universitarios, predominantemente de la costa este. Hay seis hombres y cuatro mujeres. La mayoría ha recibido más de un premio, incluido el Pulitzer. Además de maduros son poetas “laureados”.

Se trata de un grupo heterogéneo pero también tienen similitudes. Una de ellas es que hacen poesía con materiales cotidianos, en ocasiones con materiales derribo. Billy Collins lo resume bien en dos versos de “Ossobuco”:“You know: the driving rain, the boots by the door, small birds searching for berries in winter / Ya sabes: la lluvia mientras conduces, las botas en la puerta, pequeños pájaros buscando bayas en invierno”. O con lo que, por inconfesable, se disimula y oculta, como en los poemas de Dean Young o de Denise Duhamel, cuyo poema “Bulimia” me parece un prodigio (casi todos los poemas de esta mujer me parecen un prodigio).

Otra similitud es que la sátira social y la crítica política, directas u oblicuas, irreverentes a veces, están presentes y aparecen muy unidas. Con frecuencia a la segunda se llega a través de la primera.

Una tercera sería una concepción fragmentaria y contradictoria de la realidad que en lo formal se traduce en el recurso a distintas estructuras lingüísticas dentro de un mismo poema. Sin llegar al radicalismo de un John Ashbery pero compartiendo y beneficiándose de sus hallazgos.

Si tuviera que escoger un solo rasgo común me atrevería a decir que es la poesía concebida como flujo, como decurso vital, e interpretada con técnicas que parecen tomadas de la fotografía, del collage y del reportaje. A esta poesía se la ha llamado a veces “narrativa”, no sé si para caracterizarla o para caricaturizarla. Trabajar así implica transgredir las fronteras de género, usar diálogos, tiempos cambiantes, eslóganes publicitarios, onomatopeyas y citas; mezclar lo objetivo y lo subjetivo; objetivar el discurso interior.

En “El mundo de hoy” Kapucinsky escribió: “Obligada a competir nada menos que con la televisión, la palabra escrita libra una batalla muy desigual en su afán por transmitir verdades sobre otras culturas, sobre tipos humanos distintos, sus motivaciones y maneras de comprender la vida. Aún así es necesario librarla.”
Esta Antología forma parte de esa batalla y por eso me gusta. Por eso, y porque nos abre la puerta a una estancia donde bulle uno de los crisoles más lúcidos y valientes de la cultura norteaméricana contemporánea que es su poesía. Una poesía que, parafraseando a Vargas Llosa, “nos recuerda que todo ser humano es muchas cosas a la vez y que tratar de encerrarlo en una pequeña cajita – por ejemplo, su religión, su raza o su lengua – es desnaturalizarlo totalmente y condenarse a no entenderlo”.

Por todo esto se lo recomiendo. No se lo pierdan.

Alberto Infante