"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

La mirada del peregrino - Matshuo Bashó

¿Qué hay aquí? ¿Qué tienen estos poemas de solo tres versos (la gran mayoría compuestos según el esquema silábico 5/7/5) escritos por un japonés del siglo XVII para que nos sigan conmoviendo cuatrocientos años después?  En mi opinión tres cosas. En primer lugar, una gran concisión, un minimalismo extremo al que el célebre aforismo de Wallace Stevens “El poema es un meteoro” le calza como un guante. En segundo lugar, la centralidad del detalle, de lo mínimo, sobre todo si ello es inmediato, palpable. Y en tercer lugar, su carácter a menudo elíptico, la sensación de que el poema muestra tan solo una pequeña parte de algo más vasto y duradero donde el lector es invitado a sumergirse o, por lo menos, a imaginar. Bashó fue viajero y asceta y su poesía es un trasunto de su vida. Rosa Burillo, a quien debemos esta selección, afirma que Bashó, quien escribió más de mil haikus además de impresiones y comentarios de sus viajes, empezó componiéndolos por diversión y terminó viviendo (y viajando) para escribirlos.

Viajar, vivir, sentir el paso del tiempo, la presencia de la naturaleza y el cambio de las estaciones… todo eso Bashó lo expresó como nadie (Fin del viaje / todavía vivo / este atardecer de otoño). Y también la nostalgia al despedirse de los amigos (Pasa la primavera, lloran los pájaros / y los ojos de los peces / se llenan de lágrimas). Pero no todo es melancolía. El poeta también disfruta de la alegría de saberse vivo (¡Qué tierna sensación / en las hojas verdes / la luz del sol!), del gusto de sentirse con fuerzas para retomar el camino (Despierta mariposa, todavía / nos quedan muchas millas / por recorrer juntos). Y la aparente sencillez de sus poemas esconde reflexiones profundas y juicios depurados sobre el sentido de la existencia (como en Monjes y rameras / durmieron bajo el mismo techo -/ la luna y el trébol o en Avanzo / como en sueños / por un árido desierto) o las paradojas de la mente (Contradictorio pensamiento / una bola de nieve / enciende el fuego). La rara, indescifrable belleza de algunos de sus haikus (Las azaleas de roca / se ruborizan / como el canto del cuco) todavía nos sigue desafiando.Bashó fue famoso en vida y tuvo muchos discípulos. Su prestigio se extendió por todo Japón durante el siglo XVIII y fue endiosado por la burocracia sintoísta hasta el punto de que cualquier crítica a su obra se consideró una blasfemia. A finales del siglo XIX, Masaoka Siki (inventor del término haiku) derribó esa especie de culto y llegó a afirmar que la mayoría de la obra de Bashó era mediocre, una línea que siguieron otros críticos literarios japoneses de comienzos del siglo XX. Sin embargo, sus traducciones a idiomas europeos fueron en aumento y la obra de Bashó ejerció una marcada influencia en poetas como Ezra Pound y los imagistas primero, y en los poetas de la generación beat después.

Matsuo Bashó nació en Ueno en 1644 y murió en Osaka en 1694. El relato de su cuarto viaje - “Carretera estrecha hacia el gran norte”- realizado en compañía de su amigo y discípulo Kawai Sora, es considerada por muchos su obra maestra. Cada mes de noviembre se celebra en Ogaki (prefectura de Gifu), destino final del viaje, un festival en su honor. Los poemas de Bashó se conservan grabados en estelas de piedra en muchos lugares de Japón.