"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

A sangre y fuego - Manuel Chaves Nogales

“Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeño-burgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria”. Así comienza Manuel Chávez Nogales el texto con el que prologó “A sangre y fuego”, la última de sus obras de “ficción”, en el inicio de su exilio francés durante la primavera de 1937. Nueve relatos demoledores sobre los primeros meses de la guerra civil española.

Chávez Nogales, andaluz afincado en Madrid, ciudadano del mundo, periodista, intelectual colega de intelectuales, republicano y amigo de Azaña, dice de su libro: “Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera. A veces, los personajes que intento manejar a mi albedrío, a fuerza de estar vivos, se alzan contra mí, y arrojando la máscara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen”. Luego, en una breve nota introductoria, advierte que “cada uno de sus episodios ha sido extraído de un hecho verídico”.

Pues Chaves Nogales fue un precursor de eso que, años más tarde, se denominaría “nuevo periodismo”, donde realidad y ficción se combinan para construir una realidad si cabe aún más real que la peripecia o el personaje del que se partió para escribir la historia. Como persona, Chaves Nogales había tomado partido a favor de la República desde bastante antes de su advenimiento. Como periodista, escribió sobre lo que había visto o le habían contado de primera mano durante los primeros meses de guerra sin edulcorar nada. El subtitulo del libro resulta esclarecedor: “Héroes, bestias y mártires de España”. Por sus páginas transitan personajes a un tiempo miserables y grandiosos, escenas que golpean con un dramatismo hondo y seco, casi de tragedia griega, y movimientos de masas y de tropas narrados con minuciosidad de cartógrafo y precisión de estratega. Los frentes de guerra, las chabolas de los arrabales, los comités obreros, las partidas facciosas, los escuadrones del amanecer, niños y madres, militares insurrectos y leales, cobardes impulsivos y héroes disparatados, simpatizantes de uno y otro bando, aviadores ingleses y moros de la kabilas… todos ellos con sus vidas dislocadas por una tragedia de proporciones bíblicas, alucinado sectarismo y crueldad inaudita de la que, al poco de su estallido, Chaves ya presagió que nada bueno podía salir. “Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos: para un español quizá sea eso un lujo excesivo”, afirmó. Como periodista de El Heraldo y de Ahora había viajado de Lisboa a Moscú durante los años veinte y treinta del pasado siglo entrevistando a muchos de sus líderes políticos, y sabía que el destino de todos ellos (incluido el suyo propio) se fraguaba en buena medida en lso despachos y cancillerías de Berlín, París, Moscú, Roma y Londres aunque muchos no fueran conscientes o lo fueran en escasa medida.

Manuel Chávez Nogales nació en Sevilla en 1897 y murió en Londres en 1944. Murió solo, pobre y silenciado en su patria, escribiendo en defensa de la democracia y contra el fascismo. Tan solo los diarios británicos (había trabajado de redactor en el Evening News y en Evening Standard) y el argentino La Razón informaron de su muerte. Tenía 46 años. Escribió obras de ficción, ensayos y artículos periodísticos. Durante mucho tiempo, su biografía de Juan Belmonte fue su obra más conocida. Traducida enseguida al inglés, le permitió encontrar trabajo en Inglaterra tras la ocupación alemana de Francia. “A sangre y fuego” vio la luz en Chile en 1937 y, probablemente no por casualidad, ha sido la última de sus obras reeditada en España.