"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Nada grave. Ángel González

Decir Ángel González es decir lucidez, gusto por la vida, ironía, alto vuelo lírico, compromiso, lucha por la libertad en tiempos oscuros, cercanía, amistad, pesimismo. Decir Ángel González es decir alta cumbre, referente obligado de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX.

Nada grave (Visor Poesía), aparecido poco después de su muerte, incluye los 28 últimos poemas que dejó ordenados y supuestamente listos para su publicación.  No es un libro que su autor diera por terminado aunque esos poemas sí lo estuvieran.  Casi mejor así.  Son poemas que respiran por sí mismos, en su propia y concisa individualidad. Poemas para leer y releer despacio por más que alguno (Por raro que parezca) tenga solo tres versos: Me hice ilusiones / No sé con qué, pero las hice a mi medida / Debió de haber sido con materiales muy poco consistentes.

Poemas desnudos, de línea directa y clara, reflexivos, sobre asuntos centrales de hoy y de siempre: la brevedad de la vida, el amor, la muerte, el tiempo, la literatura…  Poemas con inevitable aroma de despedida que hacen sonreír (a veces), humedecen los ojos (a menudo) y tocan el alma con el filoso estilete de la nostalgia (siempre). Ángel González en estado puro.

Ángel González nació en Oviedo en 1925 murió en Madrid el 13 de enero de 2008. Recibió los premios Antonio Machado (1962),  Príncipe de Asturias (1985), Reina Sofía (1996) y Federico García Lorca (2004)