"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Poesías. Cátulo

Poesías.  Cátulo.

En abril de 1988, Alianza Editorial publicó una antología de las poesías de Cátulo en su colección el Libro de Bolsillo y yo escribí lo que sigue para la revista La Luna de Madrid:

“Cátulo es moderno por sus temas y por su estilo. Heredero literario de Calímaco, compartió con otros compañeros de generación el gusto por las formas líricas menores y la pasión por la obra pulida, la referencia erudita, la cruda originalidad del asunto y el subjetivismo.

Mediado el siglo I A.C. este veronés de clase media-alta, muy conservador en sus relaciones sociales pero desenfadado y abrupto en sus escritos, contribuyó más que nadie a revolucionar la poesía romana elevando los poemas de ocasión, la invectiva y el epigrama a la categoría de arte. En poco menos de ocho años y algo más de dos mil versos le cupieron la poesía amorosa, la sátira, los himnos solemnes, la comedia, diálogos, epístolas, varios pasquines y numerosas reflexiones filosóficas. Por sus pomas ligeros y epigramas desfilan políticos, poetastros, malos pagadores, impotentes, pervertidos, delatores, presumidos, hediondos e incestuosos. ¿Puede pedirse mayor contemporaneidad?

Capaz de asombrosas modulaciones de estilo, su influencia sobre los autores latinos posteriores fue enorme. Tras un dilatado olvido medieval, redescubierto en su ciudad natal y reimpreso luego en Venecia (1472), no ha dejado de ser editado y comentado desde entonces.  Admirado por renacentistas españoles e italianos, novelistas del siglo de oro y ciertos autores neoclásicos, la crítica erudita del siglo XIX a punto estuvo de convertirlo en una pieza de museo. Ha sobrevivido asimismo a traducciones infames. Desde Yeats, que lo reivindicó, su presencia continúa acrecentándose.

Cátulo hizo lo que hoy llamaríamos una “poesía de la experiencia”. Para alguno de sus comentaristas, su lenguaje “solía tener sentimientos y destinatarios conocidos, además de la capacidad de convertir en joya material caliente”. Su pasión por Lesbia dejó profunda huella en sus poemas pero su ideal de mujer no era de carne y hueso y la decepción final fue inmensa. Pese a su fama de poeta obsesionado por el sexo, su poema más conocido (un epigrama de tan solo dos versos con ocho verbos y ningún sustantivo) ni siquiera lo menciona. Creo que fue el único escritor clásico capaz de dialogar con una puerta, y los títulos de algunos poemas (“A un paisano impotente”, “No me pidas dinero prestado”, “Gelio, mamón” “!Mentira!”) son inolvidables.

Ridiculizó a personajes notables de su época – César y Mamurra entre otros – pero también supo construir romances y leyendas de inspiración helenística y factura barroca, espléndidos relatos para recitar en voz alta que nos hablan de historias fantásticas y países lejanos. Compuso, además, canciones de boda y poemas funerarios. Por alguna oscura razón su nombre se me asocia continuamente a los de François Villon y Jaime Gil de Biedma.

En el recóndito y dulce valle del Sorbe donde, a comienzos de abril, leí este libro, verdeaban los campos y florecían frutales. El aire era claro y limpio y, junto a las campanas de la Pasión, en mi mente resonaron de nuevo aquellos versos precisos y terribles: “Odio y amo ¿Por qué es así, me pregunto? / No lo sé, pero siento que es así y me atormento”.

Aparentemente Cátulo nació el 84 y murió el 54 A. C. pero ambas fechas son inciertas. La crítica aún no ha aclarado si la selección de sus poemas fue realizada por él mismo.”

Ignoro si esta reseña llegó a publicarse. La vida me hizo extraviar mi colección de la revista y solo conservo algunas críticas sueltas y unos pocos textos mecanografiados. También perdí el libro de Alianza. En 2007 adquirí la magnífica edición crítica y bilingüe de la Poesía de Cátulo publicada por Cátedra en su colección Letras Universales (Madrid 2006).  Desde entonces no he cesado de releerlo.