"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Reencuentro - Fred Uhlman

Hace tres meses me bajé de un autobús, entré en una estación y pedí un café con leche y un bizcocho. Me los tomé con sueño y sin hambre. Luego me levanté, dejé la bandeja en el autoservicio y de camino a la salida me detuve ante un expositor giratorio lleno de libros. Cogí uno al azar. Se titulaba “Reencuentro”, tenía poco más de cien páginas de letra grande y llevaba un prólogo firmado en 1976 por Arthur Koestler.
Leí el prólogo de un tirón y compré el libro. “Reencuentro” me llenó las siguientes dos horas de autobús entre Lerma y Madrid. Su impacto no me ha abandonado desde entonces. Dos semanas después se lo recomendé a una amiga periodista, lectora de gusto exigente. A los pocos días mi amiga me llamó para decirme que lo había leído de un tirón y que le había encantado. Entretanto averigüe que cuando en 1977 se publicó en Inglaterra por vez primera había causado un gran revuelo y que entre enero de 1987 y junio de 2001 la colección Andanzas había tirado 12 ediciones. Sin embargo, ni mi amiga ni yo habíamos sabido de él hasta ahora. Sirva esta reseña para confesar nuestro despiste y repararlo.

Pues “Reencuentro”, del que existe una versión cinematográfica de 1988 protagonizada por Jason Robards y Christian Anholt, es un libro singular por varios motivos.  El principal posiblemente sea, como señala Koestler en el prólogo, una rara “cualidad musical que es al mismo tiempo obsesionante y lírica”, y que, en mi opinión, tiene mucho que ver con la forma insidiosa en que, entre la melancolía de la adolescencia perdida y la añoranza de los hermosos paisajes de la Suabia ausente que constituyen su inicial tejido narrativo, van filtrándose los venenosos efluvios del nazismo para acabar corrompiéndolo todo. De este modo, lo que empieza como una historia de amistad y camaradería entre dos chicos de 16 años (el hijo de un médico judío y el vástago de una familia aristocrática) durante el año del ascenso de Hitler al poder, se convierte poco a poco una parábola: la del modo en que una sociedad culta y desarrollada inicia el proceso de autodestrucción que arrastrará a medio mundo con ella. Proceso que es descrito con suavidad, casi con delicadeza, sin ningún asomo de resentimiento o de furia. Precisamente en el contraste entre la delicada y a menudo intimista manera de narrar y el dramatismo, con frecuencia implícito, de los acontecimientos narrados, de cuyas consecuencias se supone conocedor al lector, constituye sin duda uno de sus mayores atractivos. El otro es el final de la historia, no por verosímil menos sorprendente.

Fred Uhlman, fue un abogado socialdemócrata de origen judío que huyó de Alemania en 1933 y, tras errar por Francia y España, acabó refugiado en Londres e hizo carrera como pintor. Ni su origen ni su activa militancia antinazi le libraron del “alojamiento forzoso” en la isla de Man con que el gobierno británico obsequió a los alemanes residentes en el Reino Unido a raíz de la ocupación de Holanda por la  Wermatch. De ello da cuenta, con notable sentido del humor, en su autobiografía “The Making of an Englishman” publicada en 1985 (“Brilla el sol en París, ediciones del Bronce, 2000). Uhlman murió ese mismo año y poco después se publicaron “La lettre de Conrad” y “Pas de ressurrection si il vous plaît” de las que ignoro si existen ediciones en español.