"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Un día más con vida - Ryszard Kapuscinski

 Pocos días antes de la independencia formal de Angola fijada para el 11 de noviembre de 1975, con Luanda cercada por las fuerzas del FNLA, Kapuscinski escribió: “…la imagen de la guerra es intransferible. No se puede transmitir ni con la pluma ni con la voz ni con la cámara. La guerra es una realidad sólo para aquellos que están apresados en su interior sangriento, sucio y repugnante. Para otros no es sino una página en un libro o una imágenes en una pantalla; nada más”. El lo sabía bien. Llevaba tres meses cubriendo la guerra civil que asolaba el país y que, azuzada por las grandes potencias y algunas multinacionales, habría de ensangrentarlo una década más. Y cuando todos se iban él decidió quedarse.

 

Este libro no es un ensayo, ni una crónica, ni el diario íntimo de un gran reportero - uno de los más grandes - aunque tiene mucho de todo eso. Más bien se trata del relato de un ser humano al límite de sus fuerzas, abrumado por lo que ve, consciente de su fragilidad. A ratos denuncia (de la crueldad, del cinismo, de la indiferencia frente al dolor ajeno) y ratos homenaje (a la lealtad, al valor, al heroísmo anónimo) su testimonio no es imparcial. Kapuscinski – como Crane, como Azuela, como Reed, como Babel, como Grossman – toma partido y a partir de ahí mira. Consciente de sus sesgos pero atento, sobre todo, a sus obligaciones de periodista.

 

Nadie como él ha usado la escritura como si fuera una cámara. Nadie como él ha trazado instantáneas verbales tan capaces de conmover el alma. “La forma del collage” escribió una vez “es la que tal vez mejor se ajuste a la definición que doy a mis textos. Es decir: yo elijo diferentes recursos, diferentes medios sin plantearme a qué clasificación obedecen (tarea de los críticos) con el fin de hallar la mejor manera de expresar lo que deseo expresar en un determinado momento”.

 

Pero si los libros de Kapuscinski son lo que son - y él mismo consideraba a “Un día más con vida” si no el mejor desde luego sí el más personal de sus libros - ello no se debe sólo al modo en que están escritos. Dicho de otra forma: el modo en que están escritos expresa algo más profundo, una actitud de fondo hacia su profesión y, por extensión, una filosofía ante la vida: “Los buenos reporteros” escribió “son personas modestas, respetuosas con el otro y capaces de mostrar esa actitud en todo momento. Ser reportero significa antes que nada respetar a otro ser humano con su propia privacidad, personalidad y escala de valores… Si quiere ser aceptado por una comunidad tiene que aprender a vivir entre sus miembros. En mi opinión, humildad y empatía son los rasgos fundamentales para ejercer este oficio”.
 
En los lugares más difíciles de un mundo a menudo convulsionado por los apetitos del poder, la guerra y la muerte, él hizo una clara apuesta por la vida, la paz y la esperanza. Este libro es una muestra de eso.

Doctor Honoris Causa por las Universidades de Cracovia, Gdansk, Silesia, Wroclaw, Barcelona y Ramon Llull; premio Letterario Elsa Morante; miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes; premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades; Periodista del Siglo para la revista Press; premio J. Parandowski del Pen Club; premio Goethe; premio de la fundación A. Jurzykowski (Nueva York) y Prix de l’Astrolabe (Francia), Ryszard Kapuscinski nació en Pinsk, Bielorrusia (entonces parte de Polonia) el 4 de marzo de 1932 y murió en Varsovia el 23 de enero de 2007.