"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Augusto Rodríguez

Augusto Rodríguez (Guayaquil, Ecuador, 1979) Periodista, editor y catedrático. Ha publicado diez poemarios, destacan: Cantos contra un dinosaurio ebrio (Barcelona, España, 2007), Matar a la bestia –recopilación- (Guadalajara, México, 2007), La enfermedad invisible (DF, México, 2012), El libro de la enfermedad (Madrid, España, 2013). También ha publicado los libros de relatos Del otro lado de la ventana (Lima, Perú, 2011; Quito, 2013) y Los muertos siempre regresan (2012), las novelas El cuaderno de K (Lima, Perú, 2011) y Masturbación (Monterrey, México, 2012), y el ensayo: En defensa de la lectura (2014). Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vázquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005), una Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005), el Premio Nacional de Cuento Joaquín Gallegos Lara 2011, una mención de Honor en el Premio Pichincha de Poesía 2012 y ha sido finalista del Premio Adonais (España, 2013). Es uno de los fundadores del grupo cultural Buseta de Papel. Parte de su obra poética está traducida al inglés, árabe, portugués, catalán, húngaro, italiano, alemán y al francés. Impulsa El Quirófano Ediciones y dirige el Festival Internacional de Poesía de Guayaquil Ileana Espinel Cedeño.

Los envenenados

La serpiente de la palabra

es una enfermedad agónica

en nuestra lengua.

Es mi debilidad

mi dolor que no es un simple dolor

un túnel indescifrable.

Me entrego a este vuelo luminoso

que no es una simple trayectoria lineal

de ave o rayo,

es algo más desenfrenado.

La serpiente de la palabra

no es simplemente un reptil

que se divida en símbolos

significados y significantes

al oído de los mortales

que vivimos espiando sus huellas.

Tengamos precaución

de no morir envenenados

que todavía hay luz y no todo es noche.

Un río invisible nos divide

La música no se logra

con arte de magia.

La palabra nace

porque tiene un rayo interior

y necesario a nuestros ojos.

Es un rayo que estremece

hasta al más ciego del mundo.

No todo es silencio y bullicio

en las calles donde murmuramos.

Ni desenfreno y fiesta

entre tus manos y mis manos.

Hay un río invisible que nos une

y nos hace enemigos.

Somos domadores

de serpientes y de bestias.

Falta mucho para cruzar

el puente de la luz que nos lleve

a la tierra de las sílabas.

Por desgracia, no nacimos hace siglos

ni tenemos el sacrificio suficiente

para alcanzar la orilla

de este río invisible que nos divide.

Lenguas desenfrenadas

Escribo en un diario

que otros escribieron

pero que ya no están.

Ellos creyeron en este diario

hasta sus últimas palabras.

Yo releo esas palabras

y sé que en algún lugar o espacio

me esperan para dialogar

con palabras exactas

que no estén viciadas

por lenguas desenfrenadas.

La palabra no puede nacer todos los días

y a cada rato, sin perder eso

que llamamos dolor y nunca poesía.