"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Blanca Sarasúa

Blanca Sarasúa (Bilbao 1.939) ha publicado los libros de poesía: Cuando las horas son fuego (1.984), El cerco de los pájaros (1.986), Ático para dos, (1.989), Ballestas contra el miedo (1.990), ¿Quién ha visto un ambleo?, (1.994), Rótulo para unos pasos (1.997), La mirada del maniquí (2.000), Coyunda recia (2.005), Música de aldaba (2008) y Baciyelmo (2013).

Ha recibido los premios “Ernestina de Champourcin” (1.990), “Raimundo Ramírez de Antón” (1.995), “Sarmiento” (1.998), “Francisco Javier Martín Abril” (2.001) y “San Juan de la Cruz” (2008)

EPÍLOGO PARA UNAS CHIMENEAS

El aire en su invisible dimensión

me ofrece su saludo transitorio,

trapea por las tejas la sombra de algún pájaro

y no están. Las viejas chimeneas ya doblaron.

¿Así que el tiempo es esto, es esta trampa?

Desgreñado recuerdo: escapa ileso.

Conceptualmente andrajo,

guiñapo solamente, piel errada.

Mas la vida abría su entusiasmo y se abrazaba

desde la sinfonía de tejados,

se retrasaba el miedo en su andamio de herrumbre,

era todo posible.

Y yo también ganaba el podio de los años.

Sabían demasiado a punta de coraje

y estos cilindros clónicos

-con máster en gomina, diploma en estilismo-

que hoy ocupan su escaño,

no se ponen al día.

(De “Música de aldaba” Premio San Juan de la Cruz 2008, ed. Rialp)

UN ALFIL PARA SANCHO

“En llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura —dijo don Quijote.

Brava comparación –dijo Sancho-… como aquella del juego del ajedrez, que mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.”

(El Quijote, 2ª parte, cap. XII)

Mi oficio siempre ha sido el de peón

pisando de uno en uno los guijarros,

y pagando todos mis errores

sin poder corregirlos hacia atrás.

Si mi señor dejara que eligiese

sería alfil de clámide cerrada

cruzando en diagonal por el sembrado,

sin inclinarme nunca

hacia la tiranía de la tierra.

Que poco arregla que en la sepultura

nos mezclemos en una misma bolsa.

Mezclémonos de alfil.

Y así, de acuerdo.

(De “Baciyelmo” ed. Biblioteca Nueva, 2013)