"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Carlos Campillo

Ibiza. Estampas II

Mediodía. Discoteca con iluminados danzando como tancredos al son de una música espasmódica en pilastras ancladas en el agua. Han empalmado la noche atestada de años de vida potenciales perdidos.

Esperpentos, disfraces, lápices de labios, criaturas adamíticas, vestidos de luces deslumbrantes, licántropos, seres carnavalescos deambulando después de la cena por el dédalo blanco a los pies del castillo.

Estruendo de músicas inmiscibles y bajos estentóreos que resuenan en el pecho. Demasiada luz, una luz amarillenta, fea.

Olor a fritanga en la playa mezclándose en la algarabía con cremas solares pastosas.

Torre de vigilancia renacentista de recia fábrica con pintadas multicolor que aluden a la enésima generación del éxtasis benefactor.

Condones, latas de Red bull, bolsas de patatas Lay y jeringuillas tachonan la arena de la Platja d´en Bossa.

El museo de arte púnico está vacío.

Suntuosos vehículos circulan por las pozas frente a Dalt Vila sin reparar en la belleza de la espadaña iluminada de Santa María.

Los ferris rápidos, semirápidos y lentos toman rumbo depredador hacia Formentera. ¡Si Pla levantara la cabeza desde el falucho en que viajó por primera vez a ella para averiguar el Estat de la felicitat a Formentera!

Los azacanes se afanan, porque aquello dura apenas cinco meses. Y después, de regreso a la península.

La noche prevalece sobre el día. La oscuridad balear: curioso pero lamentable oxímoron.

Ses salines tienen miedo.

Hormigón heredado del desarrollismo de los sesenta y setenta. Hormigón moldeado por caprichos del diseño arquitectónico. Hormigón funcional. Hormigón abandonado a medio hacer por la quiebra. Hormigón que violó leyes de costas. Hormigón. Y aún queda espacio para más hormigón.

Las pagesas ya no cruzan los senderos con la cadencia de jotas ibicencas. Algunas llevan calzado deportivo.

No hay flaó artesano.
 
La elección de un marco

Siempre me cuesta elegir el marco para una pintura. Porque según el marco que escojas, éste, siempre obstinado, se disputa el protagonismo con ella. Marco y contenido no son entes independientes; se funden en un objeto único que cuelga de la pared. El marco ha de subsumirse en el cuadro. Por ello se han de avenir y complementar de un modo tan sutil, para que el contenido pueda apreciarse sin interferencias del continente.

Cuando entran en disputa porque el marco prepondera sobre el lienzo, porque lo eclipsa o porque estorba a la mirada y la distrae, la obra se convierte en un primus inter pares, y eso hay que evitarlo a toda costa.

Carlos Campillo. Del Libro “Retazos” (inédito)
(campillo@ocea.es)