"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

David Morello Castells

David Morello Castell (Madrid, 1976) es poeta, escritor y periodista. Ha publicado los libros de poesía El Cielo no se toca (Premio Nacional de Poesía, XL Justas Literarias de Reinosa-Cantabria, 2004), Retorno de la voz (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2011) y Réquiem por un hombre cualquiera (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2013). También ha participado en la Antología La primera vez que no perdí el alma…encontré el sexo (Editorial Sial Pigmalión, 2015). Ha puesto en escena Cosas pequeñas, raíces profundas, espectáculo de poesía, txalaparta y viola, estrenado en 2012 en San Sebastián. En 2014 estrenó el espectáculo flamenco Cuando los poetas cantan, en el que se adaptan al flamenco versos de poetas contemporáneos, y con el que sigue de gira. Su página web es http://davidmorello.blogspot.com

Lo que la lluvia tiene entre sus manos

No sorriso louco das mâes batem as leves gotas de chuva. Herberto Helder

Mi madre nació bajo las lágrimas rotas del arce

(yo era un niño).

Cuando la lluvia tenía la forma precisa de la lluvia

ella coronaba con el escalofrío alegre de los humildes y un suspiro

el azaroso asunto de estar viva.

Atravesamos los años

pensando que aquello que llamábamos cielo tenía dos mitades

y una de ellas era cierta.

Ahora mi madre solamente escucha las voces del dolor.

En su tierra no cala la mirada repetida del agua.

Ha olvidado las sombras del verano

no crece en sus ojos otro árbol que el pasado.

Sexus

A esta hora en que deja la tarde

clavados sus colmillos de luz en mi caverna

y acude el cerezo que aún no se ha inyectado primavera.

A esta hora en que el candor se abre paso

entre la carne de las muchachas que trae el viernes

y una mano blanca desmenuza

la tristeza de los televisores y la gaviota de una cama vacía.

A esta hora en que una sombra tuya viola mi garganta

y taladra la cintura un aguacero

de cal del patio de tus labios.

A esta hora que ha llegado para despedazar

el hielo de los porteros automáticos,

para que los borrachos cambien de color en los semáforos

y la luz de un ciego vea comerse al fuego

un nombre propio en el arrabal de su vida rutinaria,

a esta hora

bendigo el sexo de los que se toman

en las tapias desvencijadas de un castillo

y en la muerte de invierno de las playas vacías;

bendigo el sexo de las aves que no saben volar

y dibujan un pañuelo ensangrentado en los ojos limpios;

bendigo el sexo de los curas que buscan

el cielo violeta de los bares;

bendigo el sexo gris

de los ingenieros de minas los lunes tan temprano;

bendigo el sexo verde de la paja inconclusa

en que navegan cada noche los pastores;

bendigo el sexo de los mutilados de amor,

como nosotros, que inventamos cada verano

el paraíso y deshacemos de tristeza las maletas en domingo;

bendigo el sexo y la pornografía violeta de tu leche corporal,

y también el arma homicida de la crema de noche por tu rostro;

bendigo el sexo de cuanto hacemos de amor en el silencio

y las montañas de gritos que un día habrá allanado el tiempo.

Bendigo el sexo

a esta hora que no es nuestra.