"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Ginés Mulero

Ginés Mulero Caparrós, nacíó en Barcelona hace casi medio siglo y reside en Viladecans (Barcelona) desde hace 15 años. Es profesor de Primaria y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona; ha sido profesor de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria y actualmente trabaja como profesor en un colegio de Primaria en Gavá. En total lleva un cuarto de siglo ejerciendo esta profesión. Un cuarto de siglo, medio siglo…, el tiempo pasa muy rápido y los años son poco más que trenes de suspiros que pasan volando, sin raíles como le gusta decir, porque tiene una lista tan grande de libros por leer que tendría que pedir prórroga.  Esta casado y tiene dos hijas. Le gustan, como a tantos, la literatura, el cine, la música, el fútbol… la vida. Lleva escribiendo desde los 16 años y es forofo de Neruda y de Borges. Ha recibido más de un centenar de premios literarios de cuentos, entre ellos, 32 primeros premios,entre ellos el “Querido Borges” en Hollywood (California), el Tirant lo Blanc” (Méjico), el José Toral y Sagrista” de Andújar (Jaén), el “José María Franco Delgado” de San Fernando (Cádiz), el “Acorazado de Bolsillo”(Argentina), el “Carmen Báez” (Méjico y el Fernando Belmonte” (Trigueros-Huelva)

EN EL BAÑO.
Me llamo Alicia Martínez y esto que cuento aunque no lo crean me pasó en el baño. Estaba sola en casa y sin perspectivas de compañía familiar en la próxima hora: sin niños, colgando los problemas del trabajo en una percha como si fueran un albornoz. Decidí darme una autosatisfacción relajante: olvidarme del mundo. Había preparado la bañera con agua tibia y sales de baño. Encendí una varita de sándalo y dos cirios estucados, apagando los escrutadores ojos de buey. Me desprendí del sujetador ahuecando el estómago. Dejé que mis voluptuosos senos se desplegasen en libertad. Deslicé las braguitas por mis muslos brillantes con suavidad y hasta con cierta ternura. Corrí la cortina exterior de hilo con motivos burgueses del Neoclásico. El vapor, como una bata, me envolvió el cuerpo desnudo. Miré la bañera y en la superficie del agua vi unas ondas concéntricas que me desconcertaron. Me introduje en la bañera de porcelana recostándome con serenidad. El olor del sándalo y la penumbra de los cirios me adormecían. En medio de la paz el líquido se arremolinó con olas espumosas hasta perfilarse en una transparente forma humana. Un hombre de agua me abrazó con ternura; sus manos de agua me acariciaron las mejillas, los galardones de mis hombros, los costados del pecho; y sus labios de agua me besaron siendo correspondidos por los míos. Sentí un cosquilleo en el pubis trigueño. Luego, con una dulzura infinita, se introdujo dentro de mí un fuego acuoso, una delicia de Afrodita. Salí de la bañera preocupada por mi veleidad. Encendí los ojos de buey: sus saetas de luz me atravesaron; sin apagar las velas vi como un pie de agua se perdía por el sumidero. Me llamo Alicia Martínez y esto que cuento aunque no lo crean me pasó en el baño.

Ginés Mulero Caparrós. De “50 hiperbreves” (algunos premiados, muchos inéditos)
(gmulero@xtec.net)