"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Jesús Hilario Tundidor

Jesús Hilario Tundidor nació en Zamora en 1935. Obtuvo el Premio Adonais de 1962. A su primera época pertenecen: Las hoces y los días (E.N., Madrid, 1966), En voz baja (Salamanca, 1969), Premio Álamo de ese año, Pasiono (Colección Provincia, León, 1972), y Tetraedro (Colección Ámbito, Anthropos, Barcelona, 1978). Y a su segunda época: Libro de amor para Salónica Diputación, Zamora, 1980), Repaso de un tiempo inmóvil (Esquío, Ferrol, 1982), Mausoleo (Devenir, Barcelona, 1988), Construcción de la rosa (Ediciones Libertarias, Madrid, 1990), Tejedora de azar (Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 1995), y Las llaves del reino (Hiperión, Madrid, 2000). Además ha obtenido los premios González de Lama (1972), Esquío (1980), San Juan de Baños (1997), como reconocimiento a su obra poética, el de la Academia Castellano-leonesa de Poesía 1999 por su trayectoria poética, y el León Felipe 2000, por «el valor humano de su poesía en la que conviven los valores éticos y estéticos».

Como ensayista ha publicado, entre otros, los estudios Seis poetas de Zamora (Caja de Ahorros Provincial, Zamora, 1979), Reflexiones sobre mi poesía (Cuaderno de Literatura nº 14. Universidad Autónoma de Madrid, 1994), El hacer del deshacer. El autor ante su obra (Los libros del Sol, EL SOL, Madrid, 12-X-1990), Escribir poesía. («Ínsulas extrañas», Suplemento cultural de la UNED, Ávila, 1995).

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DESPUÉS QUE CAE LA SOMBRA

Antonio Machado

DEFINITIVAMENTE he comprendido.
Todo el que bulle o hace ruido o grita
y gesticula y queda, unos instantes,
en la primera página de un mundo
inútil, locuaz mudez de muerte
representa. Paso fugaz, ira fugaz
es en el amplio conocer que olvida,
máscara, son, viento de una mañana.

Pero aquel que se sabe poderoso,
encauzado en el mar, llamado dentro
de una mortal entrega, de una lenta
labor, en la que vida o muerte sólo
es material de arquitectura o tránsito,
aquél que sufre y calla, acepta y toma
su herramienta, derrumba y edifica,
desnuda y viste, y multiplica el único
instante concedido, siendo humilde
penetra victorioso, pues conoce
que su ámbito es la luz y allí es su triunfo.

EROS EN LA BARANDA

Tendido en la playa

Mércase, entrégase: es la ofrenda del cuerpo, un junco
junto al mar, un anillo.  Llena la playa
de gorriones, dunas de gaviotas, almejas, la barandilla tiene
un temblor: sin despedidas pasan
las burbujas inéditas del sexo
por la sal capricornia. Huye el sol, huye
la ola, el camposanto de todos los instantes
que no te poseí.
Y…
Nítida
construcción del sentido: gateando
los muslos está el cielo
como hacia el mediodía la arboleda. Está el cielo,
bajando costanillas, chupando
miel… Las cúpulas del agua, las losas de los vientres.
Contemplar desde el falo
la candidez del día, su blancura, su posesión
y a lo lejos navíos nada más, un silencio.

Toda la grava  submarina cede
sus almidones, gestos de honda profanación, avispas, cínifes.
¡No mires ya la arena, su callado
calor, pues que allí late
el respirar purísimo del ébano, sus nudos, su desnudez!

Ofrécese, entrégase: la recepción del cuerpo,
un junco junto al mar, un anillo.