"Nada es real hasta que se experimenta" John Keats

Miguel Ángel Martín

Miguel Ángel Martín (1963) es fotógrafo y trabaja en el Ayuntamiento de Getafe. Coordina los talleres de relato de la Fundación Centro de Poesía José Hierro desde hace 5 años y dirige la Asoc. Cultural Gastalápiz. Ha publicado distintos relatos en revistas como “Cuadernos del Matemático” o “Qi”. Este año se editó “Torrijas y Balas” su primer  libro de relatos.

Granizada en Montdevergues

a Camille Claudel

I

Camille se ofrece rota, resquebrajada
con largos brazos finos y amputados
no importa si su alma es de bronce, mármol o escayola.
Camille golpea duro
y con cada golpe se hace más clásica
más Victoria de Samotracia
más Camille.

De la boca de sus hijos, hijos de sus entrañas
surgen lamentos atroces
labios que piden paz, una boca,
el cese de todas las torturas.
Camille continúa entre las cuatro paredes de su celda
amasando latón, pan duro, cualquier cosa
amortajando gargantas y torsos imposibles.
Luego las figuras saldrán
escuálidas, puntiagudas
y los celadores de turno recogerán los restos
y lanzarán a la basura
las obras de arte de una loca.

II

Hielo
que me den toda la nieve del mundo
grita Camille.
Ha descubierto el secreto
y pide hielo encajada en los barrotes de su cuarto.
Afuera el frío arrecia y caen los primeros copos
Hielo, ahora lo ve muy claro Camille
su alma por un bloque de agua.
Desnuda, helada hasta los huesos
estira sus manos hercúleas
y rescata las bolitas de granizo que el cielo le escupe.
Sonríe, por fin algo de suerte,
el mundo se deshace en perdigones
y ella contempla sus manos amoratadas
cubiertas por el hielo que cae hasta sus pies.
Sigue, suplica al todopoderoso,
que sigua la descarga,
más, necesito más,
y el cielo que la premia.
El agua helada se desliza por sus brazos
cae entre sus senos y forma una montaña
Camille es insaciable
más, quiero hacer mi obra maestra, grita
y la noche se enfada
por la mala educación de aquella hembra.

graniza, nizagra, zanigra en aquel manicomio de Montdevergues
y solo una mujer ríe,
sabiendo que por fin se ha salido con la suya
su obra maestra, su gran escultura.
Las manos implorantes a través de las rejas
el vientre triangular, obtuso
las piernas largas, cadavéricas
y la boca abierta, implorante
Camille dura, seca, helada
Camille perfecta.